Si hay un centro crítico desde el cual la tradición fenomenológica, inaugurada por Husserl, ha jugado su propia autocomprensión y desarrollo, éste es sin duda el problema de la alteridad. La alteridad funge como prueba y testimonio no solamente de los principios inconcusos de la fenomenología, sino también como indicio de su propia productividad y variedad. Las diversas interpretaciones y correcciones a que ha dado lugar el principio del sujeto trascendental, como “sitio” desde el cual develar la alteridad, ha generado tanto una ingente discusión sobre un tema hasta entonces escasamente explorado, cuanto ganado una precisión problemática probablemente nunca lograda hasta ahora en la historia de la filosofía.
