En la varia y a menudo atarragada riqueza de formas de ejercicio de la filosofía, sin duda destaca, por su pureza y ejemplaridad, el diálogo socrático. Lo que haya sido, exactamente, el diálogo, lo conocemos particularmente a través de la tradición socrático-platónica. Ciertamente los diálogos de Platón —especialmente los de su primer período— representan, a este respecto, una fuente ineludible. No obstante, en la consideración de tal fuente hemos de precavemos de un equívoco no poco común: el confundir el diálogo como género literario con el diálogo estrictamente dicho. Los diálogos platónicos constituyen, por así decirlo, la ficción literaria del verdadero y efectivo diálogo. Y ello, especialmente, por una condición necesaria para su auténtica constitución: la oralidad.
