Si hay una cuestión que pueda caracterizar – por su insistencia y rendimiento filosófico – las orientaciones esenciales de la filosofía contemporánea, ésta es sin duda la cuestión del otro. Ciertamente hay también otros problemas capitales que bien podrían definirla, pero la pregunta por el otro parece en cierto modo condensar y expresar no solamente las preocupaciones filosóficas centrales del siglo recién pasado, sino también sus tensiones y hasta discordancias más perentorias. Ante este problema los límites disciplinarios parecen diluirse y el tema de la alteridad convertirse en una especie de prima philosophia, inseparable de las cuestiones más apremiantes de la filosofía actual. El problema del otro funciona como el fundamento ontológico desde el cual la propia filosofía y su orientación total puede constituirse.
