El interés de la filosofía por el arte – y el propio “giro estético” de la filosofía – así como sobre todo el descubrimiento de la música como arte por excelencia, no solamente acontece en los estrechos límites disciplinarios de la estética y la filosofía del arte, sino fundamentalmente al interior del desarrollo de los problemas capitales de la filosofía: los límites del lenguaje, la verdad, la subjetividad y, en fin, el acceso mismo a las realidades metafísicas. En este sentido cabe afirmar que el propio surgimiento y esplendor del arte como prima philosophia y el respectivo descubrimiento de la música como música absoluta es simultánea al reconocimiento de los límites del pensar filosófico y el logos representativo como verdadero organon de la filosofía. Una vez descubiertos los límites del logos para expresar las inefables realidades metafísicas, el arte y, en particular, la música pasan a ocupar el lugar de auténtico organon de la filosofía.