Los equívocos interpretativos a que estuvo sometido SuZ se hicieron evidentes, como hemos dicho, en 1947, cuando Heidegger publica Carta sobre el humanismo. Allí ante una «puesta en cuestión» sobre el tema realizada por Jean Beaufret, y en evidente polémica con Sartre, Heidegger deshace todo equívoco en relación con esta «interpretación existencialista» de su obra. No obstante, resulta claro también que no faltaban razones, al menos desde un punto de vista puramente extrínseco, para interpretar SuZ como una suerte de antropología existencial. Por lo pronto, en el sentido puramente material y exterior de que SuZ estaba constituido por una serie de «temas antropológicos». Materialmente, SuZ «trata» del hombre. No obstante, ello significaba también pasar por alto incluso la propia «letra» de la obra. Ya en el propio epígrafe Heidegger pone en evidencia, citando a Platón, el motivo fundamental de la obra: la perplejidad (aporía) ante la palabra «ente» (Sofista, 244a4). La pregunta que dirige SuZ es, pues, la pregunta por el «sentido del ser» (Sinn von Sein). Es esta dirección del preguntar la que le otorga a la analítica existencial del Dasein un carácter del todo diverso de una mera antropología existencial. SuZ no es ni una antropología, ni una metafísica, en el sentido habitual de los términos. No es antropología porque la función de la pregunta por el hombre no tiene un sentido estrictamente antropológico, sino metafísico. Pero tampoco es, en rigor, metafísica, porque la analítica del Dasein no tiene otro horizonte que preparar la pregunta que interroga por el sentido del ser. Propiamente hablando, SuZ lo único que intenta es ganar un horizonte de comprensión para el interrogar metafísico. Si ello es así, entonces, la presencia de la existencia humana y sus categorías adquieren un relieve y un sentido que escapa a una simple antología regional.